Ayer una amplia embajada de agentes culturales y hosteleros de
nuestra ciudad se reunían en la Plaza Nueva para quejarse públicamente de una
actuación municipal reciente que les perjudica directamente: las restricciones
aplicadas al desarrollo de actuaciones musicales y eventos culturales o
sociales en bares y pubs de nuestra ciudad. La polémica cuestión es que nuestro
Ayuntamiento ha adoptado la decisión de aplicar rígidamente la normativa
autonómica que regula la realización de actividades culturales en los establecimientos
que no sean salas de conciertos. Y así el Consistorio exige ahora que los
eventos deben ser comunicados con diez días de antelación, no pueden tener una
duración de más de dos horas, tienen que concluir antes de las 22:00 horas y
como máximo los hosteleros podrán programar dos saraos al mes.
El pasado año 67 grupos musicales realizaron conciertos en
algunos de los locales ahora afectados. SI la profusa actividad se acota como
exige ahora nuestro ayuntamiento, es obvio que el daño causado a nuestro tejido
cultural emergente va a ser significativo. Por otra parte, los hosteleros
también verán reducir su clientela. También el ciudadano que gusta de asistir a
estas manifestaciones culturales se verá afectado. Y, finalmente, el visitante
foráneo que pernocta en nuestra ciudad bostezará durante las noches
gasteiztarras más de lo que lo hace hoy en día. ¿A qué razones responde, por lo
tanto, esta controvertida actuación municipal? Pues las normativas tienen que
ajustarse para responder a las problemáticas de la ciudadanía y no ésta última
someterse a unas leyes que no le benefician.
Los saraos que tienen lugar en bares y pubs no son
competencia desleal para las salas de conciertos. Pues hay que tener en cuenta
que los hosteleros que ahora se manifiestan no cobran entrada a su clientela
por el disfrutar del espectáculo ofertado. Cuestión está relevante: como el
caché del artista lo costea el hostelero de su bolsillo y éste no tiene
capacidad de hacer un gran desembolso, habitualmente aquel suele ser un creador
cercano, no excesivamente reconocido y, en la mayoría de las ocasiones,
joven o emergente. Las salas de
espectáculos, en cambio, gracias a que cobran entrada pueden programar a
artistas foráneos o con un caché más elevado. Por otra parte los locales ahora
afectados cumplen con las normativas relativas a aforo e insonorización, por lo
que no ocasionan molestia para el vecindario. ¿Cuál es la razón, por lo tanto,
de esas restricciones? Conociendo a los dueños de salas de espectáculos locales
favorables a que las tascas acojan espectáculos de pequeño formato podemos
descartar que éstas provengan de sus quejas. Sobre que sean respuesta a las
reclamaciones de posibles asociaciones de vecinos perjudicados por posibles
ruidos nocturnos, ahí ya tenemos más dudas. Pero si se tratara de esto último
la respuesta pasa por resolver técnicamente las posibles incomodidades de los
vecinos revisándolas caso por caso.