En un pasado reciente, en esta ciudad, uno podía visitar
exposiciones de artistas cercanos, en las diversas salas institucio- nales
dedicadas en ocasiones al arte más próximo. Pero últimamente, con la bajada de
persianas de algunas de ellas y los recortes presupuestarios en otras, lo que
antes era intermitente –pues el provincialismo de esta ciudad es tal que
siempre se ha apostado por exponer a artistas locales exteriores antes que a
los interiores- ahora ya es un milagro. Así que para poder contemplar lo que se
cuece en materia artística en Vitoria, tenemos que visitar sociedades
gastronómicas, tiendas, bares, cafeterías, centros cívicos... Todos ellos espacios
que no están correctamente habilitados para enseñar cierto tipo de arte. Me
refiero al arte de colgar, al arte objetual. Sea pintura, fotografía, dibujo…
Incluso obra tridimensional. Es obvio que donde existe una pared, se puede
hacer un agujero, introducir en él un taco y una escarpia y colgar así un
cuadro. Pero también es obvio que el mejor espacio para poder ver una obra en
buenas condiciones no es un bar o una tienda. Falla la iluminación, la
decoración interfiere en su visionado, hay ruido por todas partes: ruido visual
y ruido ambiental. Es de juzgado de guardia que a nuestras instituciones esta
chunga situación en la que está sumergido en estos momentos el arte local se la
sople. Porque, de verdad, para exponer lo cercano con dignidad no hacen falta
grandes presupuestos. Ni medianos. Pero claro, todo esto va más allá del
dinero. Faltan ganas, voluntad. Y, es una lástima. Porque esta desgana
institucional está afectando hasta a la propia calidad de los proyectos de
nuestros artistas. Y no hablo de dar de comer a los artistas, de que vivan a
cuenta de las instituciones comprando sus obras, otorgándoles una beca o
subvencionándoles ciertos trabajos (eso ahora mismo es ciencia ficción es
nuestra ciudad), sino de que ni siquiera ahora tienen la posibilidad de poder
mostrar su obra con dignidad.
Hoy he visitado la exposición de A.F.C. (Mincho) en el Corte
Inglés titulada “Paisajes en venta”. Mincho es un virtuoso dibujante. Quizá el
más virtuoso dibujante de esta ciudad. Y un excelente acuarelista. En esta
exposición presenta diez pinturas, diez paisajes. Paisajes imaginados que
surgen de su universo mental. Pero también paisajes de calidad bastante
irregular. Los paisajes son inconexos entre sí, con lo que el conjunto resulta
confuso. En la muestra hay una pieza excelente, otra buena y el resto, flojas.
Es obvio que cuando uno expone en un espacio no demasiado atrayente, por
tratarse de una cafetería fundamentalmente, el hecho de exponer se convierte en
un reto sin muchos alicientes. El trabajo se resiente. El artista no ofrece lo
mejor de sí mismo. Aunque si su preocupación, la del artista, atendiendo a la
ironía del título, estriba en el hecho de vender, apuesto a que estas alturas
todas las piezas están vendidas. Pero… ¿el éxito de una exposición radica en
las ventas?
