El otro día, para finalizar por esto lares el fin de año
cultural, una artista (Irantzu Lekue) ocupaba simbólica- mente el malogrado
edificio Krea, un lugar –recordemos- que estaba destinado inicialmente a acoger
un ambicioso centro de producción de arte y cultura pero que hoy permanece
abandonado a la espera de que alguien con mucha pasta y alguna fantástica idea
empresarial quiera adquirirlo por un módico precio. La artista realizó frente a
él, en vivo y en directo, en los jardines del recinto, una obra. Cuando acabó
el dibujo –un rangoli pergeñado sobre
el suelo-, varios policías la invitaron a abandonar el lugar. Para el que no lo
sepa: los rangolis son dibujos
geométricos que se realizan –entre otros fines- para saludar a los huéspedes a
la entrada de las casas hindúes. En este caso, el rangoli tiene su carga irónica, porque en el edificio no hay
huéspedes de dos patas –suponemos que ahora mismo, menos alguna que otra
despistada cucaracha, el espacio está deshabitado- pues ningún artista utiliza
el lugar. No deja de ser por tanto esta obra una intervención en clave de
protesta. ¿Qué está pasando en nuestro territorio? Hace unos días hemos visto
también como un par de fotógrafos –el veterano César San Millan y la joven Andrea Abáigar- retrataban a varios artistas locales vestidos, caracterizados, cual
pobres vagabundos. En este caso, el mensaje de estas fotografías también es
claro y contundente.
Hay que recordar que es labor de las instituciones públicas
incentivar, promover la cultura. Y no hablamos de poner en marcha grandes
actuaciones -tienen que ver con el turismo cultural o la industria del ocio y
entretenimiento- sino de abonar la cultura que se genera en un territorio.
Cuestiones que no son incompatibles, como hemos repetido desde este foro infinidad
de veces, pero que por alguna extraña razón son vistas de esa manera desde las
gestorías públicas. Recursos hay para todo, por mucho que se esgrima siempre la
disculpa de lo mal que están las cosas. Cuando la realidad es que están mal
para algunas –todo lo concerniente al apoyo al arte local- y bien para otras
–los festivales, festejos, conciertos, capitalidades….-.
Visitaba hace unos días una exposición en el Palacio de
Villasuso. De título “Gastronomía y tebeos”. Una exposición enmarcada dentro de
la capitalidad gastronómica y que está pasando sin pena ni gloria por nuestra
ciudad. La expo recoge multitud de originales realizados por grandes figuras de
la historieta -como es el caso de Miguel Angel Martín, Jose Mª Martín, Kim,
Manel Fontdevilla, Jaime Martín, Sebas Martín, Paco Roca, Max… y los vitorianos Mauro Entrialgo,
Santi Orue, Simónides y Alvarez Rabo- que han abordado en sus trabajos el tema
“comida”. Pero ni el sitio es el adecuado para apreciar dichos trabajos ni la
exposición ha tenido un mínimo de recursos económicos para poder ser producida
con dignidad. Una lástima. Para unas cosas hay presupuesto, hay recursos, pero
para otras, parece que no.
